Terremoto en Colombia: en vez de preguntarnos ¿por qué sucedió?, actuemos con oración y ayuda
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Una vez más, elevemos oraciones a Dios Todopoderoso esta vez por el pueblo hermano de Colombia que sufrió el terremoto como todo ya saben. Recemos por los que están esperando a ser rescatados, por los niños que están pasando por un momento por demás traumático, por los rescatistas, por los familiares y su angustia, por los enfermos en hospitales que les sorprendió el terremoto y deben continuar con sus tratamientos en hospitales de campaña, por todos los que sufren, y por los fallecidos que Dios tenga misericordia de ellos al haber sido llamados sin poder prepararse con arrepentimiento. Por ahí alguno pregunte por qué Dios permitió tanto sufrimiento, tanto en Venezuela como ahora en Colombia. La verdad es que como cristianos es mejor no intentar hacernos esta pregunta porque no está en nuestro poder resolverla. No preguntamos “por qué pasó”, porque sería intentar escudriñar los designios de Dios, algo imposible para nuestro propio entendimiento. En Isaías 55:8-9 Dios dijo: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Dios. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. Por el contrario, en nuestro poder está el otro camino: el de actuar conforme a nuestro nombre de cristianos. Antes de preguntarnos: “por qué pasó”, debemos preguntarnos: “¿Qué debo hacer yo como cristiano ante esta situación?”. La respuesta está en el Evangelio. Primero rezar, tener compasión con el hermano que sufre y sufrir con él: “Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran” (Romanos 12:15). Luego, si está en nuestras posibilidades, ayudar con donaciones. Y si uno está en la zona, puede ayudar de muchas maneras imitando al “buen samaritano” (Lucas 10:29-37): acercando alimentos tanto a los que perdieron sus hogares como a los enfermos y a los que trabajan en el rescate, sumarse como voluntario en las tareas de rescate y de atención a los necesitados. Con cualquiera de estas acciones: rezando, donando o ayudando con nuestras propias manos, estaremos actuando según el llamado que tenemos como cristianos.

















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