El Nacimiento de la Santísima Virgen María

Cuando se acercó el tiempo del nacimiento del Salvador del mundo, en la ciudad galilea de Nazaret vivían Joaquín, descendiente del rey David, junto con su mujer Ana. Ambos eran personas piadosas y eran conocidas no por su procedencia real, sino por su humildad y caridad. Toda su vida estuvo llena de amor a Dios y a las personas. Ellos habían alcanzado una vejez avanzada, más no tenían hijos. Esto los afligía en gran manera. Pero, a pesar de su vejez, ellos no dejaban de pedirle a Dios que les envíe un hijo. Ellos hicieron un voto (una promesa): si a ellos les nacía un niño, entonces lo consagrarían al servicio de Dios.
En aquel tiempo cada hebreo esperaba, a través de su descendencia, ser partícipe del reino del Mesías, es decir de Jesucristo. Por eso, todo hebreo que no tenía hijos era despreciado por los demás, ya que esto se consideraba un gran castigo de Dios por los pecados. Especialmente difícil le era a Joaquín, como descendiente del rey David, porque en su familia debía nacer el Cristo.
Por la paciencia, la enorme fe y amor a Dios y el uno al otro, el Señor les envió a Joaquín y Ana una gran alegría. Al final de sus vidas les nació una hija. Por indicación del Ángel de Dios, a ella le fue dado el nombre María, que quiere decir en hebreo “Señora, Esperanza.”
El nacimiento de María trajo alegría no sólo a sus padres, sino también a todas las personas, porque Ella fue predestinada por Dios a ser la Madre del Hijo de Dios, Salvador del mundo.
El nacimiento de la Santísima Virgen María se festeja en la Santa Iglesia Ortodoxa como una de las Grandes Fiestas, el 8 de septiembre (21 sep. del nuevo calendario).
(Fuente: "La Ley de Dios" del Padre Serafín Slovodskoy)
Tropario de la Fiesta.
Tu nacimiento, oh Virgen Madre de Dios, / anunció la alegría a todo el universo. /Porque de Ti resplandeció el Sol de Justicia, Cristo nuestro Dios, / anulando la maldición y concediendo la bendición // y destruyendo la muerte, otorgándonos la vida eterna.
ORACION A LA SANTISIMA MADRE DE DIOS
¿A quién clamaré, Señora? ¿A quién acudiré en mi aflicción, sino a TI, Reina Celestial? ¿Quién escuchará mi llanto y recibirá mis lamentaciones sino Tú, Inmaculada, esperanza de los cristianos y refugio de nosotros, pecadores? ¿Quién más que Tú nos defenderá en las desgracias? Escucha mi congoja e inclina tu oído hacía mi, Señora Madre de Dios, Reina Celestial. No desprecies al que busca tu ayuda y no me rechaces a mí, pecador. Enséñame a cumplir la voluntad de tu Hijo y concédeme que desee practicar sus santos mandamientos. Aunque me queje por mis penurias y sea de poca fe, no te apartes de mí, sé mi manto protector y ampárame. Por tu intercesión, haz desaparecer mis pecados; protégeme de los enemigos visibles e invisibles; ablanda los corazones de los que están contra mí y témplalos con el amor de Cristo. Concédeme a mí, que soy débil, tu omnipotente ayuda para vencer mis pasiones pecaminosas y para que, con contrición y una vida enmendada, sea yo purificado. Concédeme que el resto de mi peregrinaje por la vida terrenal, transcurra sin pecado y en obediencia a la Iglesia de tu Hijo. En la hora de mi muerte, asísteme, ¡oh esperanza de los cristianos! confirma mi fe en ese día penoso. Y en el momento final, luego de mi partida, eleva tu poderosa plegaria para que el Señor tenga piedad de mí y me conceda participar de las infinitas alegrías por los siglos de los siglos. Amén.















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