Vidovdan - Sobre la libertad externa y la interna, y la esencia de la dorada libertad.




Compartimos un capítulo del libro "El Testamento del Príncipe Lázaro" del Santo Obispo Nikolaj Velimirovich, en el cual habla sobre la libertad externa y la interna, y la esencia de la dorada libertad.

El Santo Obispo Nikolaj describe en el libro, que el pueblo serbio perdió la libertad y quedó bajo la esclavitud de los Otomanos durante 500 años, debido a que sus gobernantes se olvidaron de Dios y enfocaron sus objetivos en la adquisición de poder terrenal. Esto llevó a la caída de Serbia bajo el Imperio Otomano.


A fines del siglo XIV, el ejército musulmán otomano se expandía conquistando territorios e infundiendo terror. Su objetivo era alcanzar Europa y convertir por la fuerza al Islam, a los pueblos cristianos. Para lograr esta meta, debían pasar por el territorio serbio. El Príncipe Lázaro de Serbia, hombre devoto y temeroso de Dios, decide presentarles batalla consciente de que contaba con una muy pequeña chance de vencer. Pero sabía que, aunque sea, debilitaría en gran manera a su adversario y así detendría su marcha hacia Europa. El 28 de junio de 1389, el Príncipe Lázaro y la gran mayoría de su ejército (al cual se unieron ejércitos de la Europa cristiana) dejaron sus vidas en defensa de "la honorable cruz y la dorada libertad", ante el ejército musulmán otomano. Este sublime sacrificio por la fe cristiana, el pueblo serbio lo pagó con una terrible derrota que significó 500 años bajo el yugo musulmán otomano, pero que a la vez fue el factor de la unión espiritual del pueblo, en la esperanza en que Dios los libraría de esa esclavitud.


Hecha la introducción, compartimos entonces, el capítulo del libro:

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Capítulo undécimo

el cual trata la libertad externa y la interna, y la esencia de la dorada libertad.


“Atiende ahora a unas palabras acerca de la libertad, ¡oh, insaciable adalid de la honorable cruz y la dorada libertad! Todas las realidades poseen sus inalterables e inalienables nombres. Pero en la tierra, estos nombres son extendidos también a los símbolos de aquellas realidades, y hasta a símbolos de símbolos, por causa de la incapacidad de la lengua para ser restringida y por la debilidad visual de los hombres. Así, la palabra ‘libertad’ ha sido extendida a muchas relaciones y a muchas circunstancias entre la gente de la tierra. En primer lugar voy a decirte algo que ya debería estar claro para ti. Cuando la libertad externa de una nación es transformada en la servidumbre de un pariente a su pariente más cercano, y es manchada por la inhumana tiranía de un hombre sobre otro, tiranía que permanece sin castigo por parte de la ley de aquel pueblo - entonces el Todopoderoso, el Compasivo, le quita la libertad a tal nación y la arroja a ella a la escuela de servidumbre, para que pueda allí aprender a reconocer y apreciar la libertad. ¿Sigue sin estar claro para ti, noble Príncipe?”.

Lázaro replicó: “En verdad estás diciéndome cosas que deberían estar claras para todo hombre inteligente”.

Luego, el ángel continuó: “Sin embargo, la dorada libertad está estrechamente unida a la honorable cruz. Es a traves de la honorable cruz que la dorada libertad fue revelada al hombre. El oro es símbolo de verdad; por ende, la dorada libertad significa libertad verdadera e inalterable. Nosotros los espíritus inmortales poseemos la libertad en el Reino de los Cielos - esa libertad espiritual interna. Cuando alguno entre los mortales adquiere esta libertad, él y sólo él es verdaderamente libre. Él es libre de todo cuidado y deseo mundanos; libre de desilusiones por glorias mundanas y famas pasajeras; libre del mundo, de los hombres, de los demonios; libre también de sí mismo, de su inferior y no espiritual ser. Portando esta dorada libertad en su interior, él se siente libre viviendo tanto en externa libertad como en externa esclavitud. Esta libertad no puede ser incrementada por su patria en libertad, ni siquiera decrecida por la misma en estado de esclavitud. Ella es un tesoro oculto en el alma, un tesoro que los ladrones no pueden robar, los tiranos no pueden destruir, el fuego no puede quemar y la muerte no puede aniquilar. La verdadera libertad es libertad estando uno en prisión o en un palacio. Sin ella, la prisión es una tumba y el palacio es una prisión. Sin esta libertad interna de los hijos de Dios, libertad del espíritu y del corazón, el hombre siempre es un esclavo amén de las circunstancias externas de su vida. Esta libertad transforma el sabor amargo de la esclavitud externa y dulcifica la libertad externa. Ella es sal para la libertad externa, y la protege del abuso y la corrupción; es luz para la servidumbre externa, proveyendo luz y calor a la esclavizada gente”.

“El Señor de ustedes y nuestro les ha dicho que deben asemejarse a los niños. ¿No es verdad que los niños son los seres más libres de la raza humana? La obediencia a la voluntad de los padres no limita en nada su libertad, sino que simplemente los conduce por la dirección correcta. Nosotros en los santos cielos de Dios tenemos esta libertad infantil, porque también nosotros somos niños, y hacemos todo lo que deseamos bajo la regocijante conciencia de que el amor y la sabiduría del Omnividente Padre celestial nos circunda y limita. No obstante, no experimentamos esta limitación como una restricción o constricción, mas como a un pariente protegiendo a sus niños de la caída. No ser libres de Dios, sino libres en Dios -- esta es la genuina libertad, libertad que es interminable, creadora de vida, regocijante y dorada. El llegar uno mismo al conocimiento de ser dependiente sólo del Padre, el que Nutre y Protege, el Pariente más cercano, el más fiel Amante -- esto es el más sublime conocimiento y experiencia de libertad que los seres creados del cielo y de la tierra pueden conocer. Oro es oro, estando bajo los pies o sobre la cabeza. Así sucede también con la dorada libertad, estando ella en las alturas o en los valles, en la luz del día o en la oscuridad de la noche”.

“Considera al Hijo de Dios, al Niño de Dios, el cual se apareció en carne con el fin de proclamar a los seres carnales los misterios de la vida eterna. De todos los niños en el cielo y en la tierra, el Hijo de Dios fue el más libre. Él fue libre como carpintero en Nazaret, como Maestro entre la gente, y como amarrado esclavo ante las autoridades romanas y los líderes judíos. Ni siquiera por un instante su libertad sufrió limitación o pérdida. Los reales esclavos eran aquellos que estaban juzgándolo, escupiendo sobre Él, azotándolo y crucificándolo. Pero ni siquiera por un instante Él perdió su libertad; porque no se separó en ningún momento de la mirada de su Padre celestial y de su patria celestial. Él trajo desde el cielo su libertad a los hombres, e introdujo dentro de ella a aquellos que la comprendieron y se enamoraron de ella”.

“Su apóstol habla de esta manera a aquellos que se han liberado del mundo, de los demonios, y de sí mismos: ‘Párate en la libertad, con la cual Cristo te ha hecho libre’. Este apóstol, sus compañeros y millones de creyentes en Cristo se han sentido como libres niños de Dios, tanto en la ciudad como en el desierto, en un voluptuoso almuerzo o en hambruna, en cadenas o entre amigos. Todos ellos eran como Él, el Revelador y Obsequiador de la dorada y celestial libertad; la libertad de los niños de Dios en el Hogar del Padre. Porque el Espíritu del Padre, el Santo Espíritu de libertad, ha atravesado sus almas y los ha salvado de cualquier esclavitud”.

“Por esta dorada y santa libertad es que tú has estado luchando y pereciendo, ¡oh, queridísimo amante del Reino de los Cielos! La libertad externa en tu casa y en tu país gobernado por hermanos de la misma sangre y fe, sólo es un símbolo de la divina libertad del alma; la cáscara que indica lo que hay dentro, una luna que narra cuentos acerca del sol. Aquellos que no poseen esta esencial libertad dorada dentro de sí, y que se esfuerzan sólo por la libertad externa, ¿no son como esclavos tanto en sus propios hogares, como en su propio país gobernado por hermanos de la misma sangre y la misma fe? ¿No es esa una libertad ilusoria, la cual difiere de la servidumbre sólo en el nombre? Por semejante libertad ilusoria uno no debe ceder ni su corona, ni mucho menos su cabeza. Pero tú, ¡oh, Príncipe!, te presentaste en este campo a entregar tu corona y tu cabeza por la libertad -- por la auténtica y evangélica libertad”. “Cualquiera que sacrifica su vida por el reino terrenal hace lo que el necio Esaú hizo, el cual vendió su dignidad por un plato de lentejas. La gente suele pensar de la servidumbre externa como una pérdida. En verdad es una pérdida, pero ¿de qué? No del alma, sino de cosas, propiedad, autoridad y dominios. Mas si no es la pérdida del alma, entonces no es una pérdida en general. Porque todo ha permanecido excepto el báculo y el escenario, en donde aparece el alma. El alma puede grandiosamente actuar su dramático rol, aun sin un escenario lleno y decorado. Si un hombre ha elegido nuestro Reino Celestial, todo centímetro de la tierra en la que se encuentra es para él un grandioso escenario para su rol”.

“Tus dos derrotas ilusorias de hoy serán tornadas en dos gloriosas victorias. Tu primera derrota es la matanza de tus valientes caballeros y de ti mismo; la segunda, como consecuencia de la primera, es la esclavización de tu gente sobreviviente. Por la primera derrota tú y tus valientes caballeros recibirán la santidad en el cielo y serán loados en la tierra con cantos. Por la segunda derrota, a tu gente le será dada la regeneración espiritual y la dorada libertad interior, a través de un bautismo de fuego y sangre”.

“A los ojo de un espectador despojado de entendimiento, un hombre que arroja semillas en un campo está empobreciéndose, porque está vaciando su depósito de granos. De todas maneras, la contabilidad no se hace en el momento de la siembra, sino en el momento de la siega. Este día ha sido para tu gente una gran siembra en el campo del tiempo. Y cuando ellos vengan a segar el sembradío que hoy tú has sembrado, ¡oh, grandioso sembrador!, vas a estar observando desde las alturas del cielo y vas a regocijarte con inefable alegría”.

“Es mejor obtener el Reino de los Cielos a través de sacrificio, antes que obtener el reino de este mundo a través de iniquidad. No hay iniquidad en la tierra o en el infierno que sea más lista que la eterna Sabiduría del cielo. En muchos duelos esta Sabiduría parecía vencida a los ojos de aquellos que pensaban que la batalla estaba concluida. Pero la Sabiduría apunta su mirada lejos en la distancia y ve el día de Su victoria. Cuando Sus adversarios gritan victoriosos, Ella silenciosamente registra sus pérdidas y ganancias ilusorias. El arrogante ridiculiza a Su pequeña y desarmada hueste, pero al final ellos se abren aterrorizados. El arrogante que confía en sí mismo siempre experimenta lo inesperado; Ella - nunca. La Sabiduría del cielo le da a sus adversarios todo tipo de ventajas en batalla, y hasta se retira ante ellos como vencida, pero al final Ella los desparrama como a desperdicios. Sus varas rajan el acero de sus adversarios. Con un suave movimiento de su mano devuelve nubes de flechas a sus arqueros. Sólo con su pensamiento Ella levanta al caído y eleva al pequeño. Ella sustenta a los oprimidos y muestra compasión a los abatidos. En su aliento su poder es irresistible; en su palabra su luz es inextinguible. ‘En sus manos están todos los confines de la tierra’. Ella cubre con sus alas a la raza humana como una madre a su hijo en la cama. ¿Quién puede oponerse a Ella y permanecer vivo? En el cáliz de las naciones libres Ella agrega amargor, mientras que en el cáliz de las naciones esclavizadas Ella agrega miel; pero a ambos con cuidadosa medida, no sea que el remedio se transforme en veneno. Ella ama a aquellos que le sirven; y compete con sus amados en cuestión de servidumbre. Bendito es el hombre que elige la Sabiduría y Su Reino...”.

“De todas maneras, tu tiempo está cerca de expirar, ¡oh, Príncipe y fructificador de la fe de tu gente!”.


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San Nikolaj Velimírovich

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