Teofanía en Medellín, Colombia
- Iglesia Ortodoxa Serbia en Sur y Centro América
- hace 1 día
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De las montañas de Antioquia a la fuente bautismal: seis jóvenes encuentran la Luz
El fin de semana pasado, la pequeña pero vivaz comunidad de la Parroquia Ortodoxa Serbia de la Santísima Trinidad vivió una secuencia de celebraciones que encapsulan su esencia: la fe que sale al encuentro del mundo y la que acoge a quienes, tras buscar, llaman a su puerta.
El sábado, la comunidad trasladó su liturgia al municipio de Cisneros, en el norte de Antioquia. Allí, en un entorno de montaña que parece hablar directamente de la creación, se celebró la Gran Bendición de las Aguas, el tradicional rito de la Teofanía (Epifanía) que conmemora el bautismo de Cristo en el Jordán. No fue un acto enclaustrado; fue la fe ortodoxa dialogando con el paisaje colombiano. El Padre Simeón, con los feligreses reunidos, sumergió la cruz en las aguas del río, consagrándola, mientras las oraciones en español se elevaban mezclándose con el aire puro de la cordillera.
La Epifanía en Bello: El bautismo como fruto de la búsqueda
Al día siguiente, domingo, la solemnidad se trasladó al íntimo espacio de la casa-capilla en Bello para celebrar la Divina Liturgia de la Epifanía. Pero esta liturgia tuvo un protagonista especial: seis jóvenes que, tras meses de preparación en el curso de catequesis, estaban listos para dar el paso definitivo. Sus nombres resonaron con una fuerza nueva: Esteban, como el primer mártir; Santiago, como el primer obispo de la Iglesia en Jerusalén; Esteban (otro…), Justin; como nuestro amado San Justin Popović; y Joaquín y Ana, en honor a los progenitores de nuestra soberana Theotokos María.
Lo notable no fue solo el número, sino el perfil. Se trató de jóvenes adultos, inquietos, buscadores que han recorrido sus propios caminos espirituales en un mundo lleno de ruido y ofertas efímeras. En la Ortodoxia, con su profundidad histórica, su mística serena y su exigente belleza, no encontraron una simple respuesta, sino la Verdadera Luz que andaban buscando. Como dijo Santiago al comenzar el curso, no encontraba un lugar en donde pudiera encontrarse verdaderamente con Dios y con la paz que viene de Él, gracias a la solemnidad y la Tradición que se han guardado como un tesoro a lo largo de los siglos.
El rito del bautismo por inmersión fue poderoso. Uno a uno, renunciaron a Satanás y se unieron a Cristo. Sumergidos tres veces en la pila bautismal, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, emergieron como criaturas nuevas, hijos de Dios. El santo crisma selló sus sentidos y, al final, vestidos de blanco y con un cirio encendido en la mano, fueron tonsurados y recitaron el Símbolo de la fe.
El bautismo de estos seis jóvenes es un éxito pastoral y un síntoma esperanzador. Demuestra que en medio de la acelerada modernidad, una generación sedienta de autenticidad y sentido profundo puede encontrar un hogar en una fe milenaria. Vinieron por convicción personal, en busca de una guía firme.
Ahora, sellados con el don del Espíritu Santo, Esteban, Santiago, Esteban, Justin, Joaquín y Ana se incorporan como piedras vivas a esta comunidad que, a su vez, sigue construyéndose día a día. Su viaje no termina en la pila bautismal; comienza. Y su llegada es la prueba más elocuente de que la Luz de la Epifanía sigue brillando, atrayendo a quienes, con corazón sincero, buscan la Verdad.











































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