Se celebró en Buenos Aires la Gran Fiesta de la Dormición de la Madre de Dios


El pasado domingo 28 agosto en la Catedral Ortodoxa Serbia de la Natividad de la Virgen en Buenos Aires, Argentina, se celebró la Divina Liturgia por la Gran Fiesta de la Dormición de la Madre de Dios. Concelebraron Su Eminencia Reverendísima Santiago, Metropolita de Buenos Aires y Argentina del Patriarcado Antioqueno, y Su Eminencia Kirilo, Obispo de Buenos Aires, Sur y Centro América del Patriarcado Serbio. Junto con ellos oficiaron el Presbítero Esteban Jovanovich, el Hieromonje David (ambos de la Iglesia Serbia) y el Presbítero Paisios (Iglesia Antioquena). Un gran número de fieles participaron de la celebración.


El Obispo Kirilo al final de la Liturgia agradeció a Monseñor Santiago su visita y le pidió que dijera algunas palabras acerca del evento de la Dormición de la Virgen. Monseñor Santiago agradeció la invitación a participar de la celebración y dijo en su sermón: “A esta fiesta la llamamos Dormición de la Madre de Dios porque Ella murió como durmiendo. En este acontecimiento la Madre de Dios fue ascendida al cielo por Su Hijo, y no solo Su Hijo ascendió el alma de Ella sino también su cuerpo. ¿Qué podemos aprender del ejemplo de nuestra Virgen María? Cuando Dios eligió a Ella para que diera a luz a Jesús, seguramente vio en Ella dos cosas: Virtud y Personalidad. Porque no cualquier mujer podría hacer lo que hizo. Sólo una mujer con un muy elevado espíritu podría aceptar todo lo que aceptó la Virgen María. De Ella podemos aprender varias cosas: cuando la Virgen escuchó del Ángel la voluntad de Dios de que el Mesías nacería de Ella, la respuesta de la Virgen fue rápida: aceptó la voluntad de Dios. No se puso a pensar en sí misma: ahora estoy embarazada, debería cuidarme. Cuando José tenía dudas de cómo Ella llegó a estar embarazada, la Virgen no dijo palabra alguna de su embarazo, aunque para ella era muy doloroso. Ella tenía fe en que Dios iba a solucionarlo todo. Cuando tenía que nacer Jesús, no había ningún lugar adecuado para que Él nazca, solo una humilde cueva. Pero Ella no se puso a pensar: soy la Madre de Dios y no es digno de mí dar a luz en este lugar. También Ella sufrió mucho cuando supo que tenía que huir a Egipto porque Herodes se decidió a matar a todos los nacidos para matar al Mesías. En general, de todos estos sufrimientos Ella no dijo nada ante el Arcángel Gabriel cuando éste le dio la Buena nueva de que iba a dar a luz al Salvador. Ella no dijo en ese momento que “no debo sufrir tanto porque soy la Madre de Dios”, sino que fue aceptando todos y cada uno de los sufrimientos. Por el contrario, nosotros lamentablemente muchas veces tenemos el pensamiento de que: “yo soy Cristiano y voy a la Iglesia, entonces Dios me debería ayudar en todo, mi vida no debería tener problemas”. Y cuando nos vienen esos problemas, decimos: “¿¡Por qué pasan estas cosas en mi vida si yo soy Cristiano y voy a la Iglesia!?”. Muchos incluso por sus problemas terminan abandonando la Iglesia. En cambio la Madre de Dios no hizo esto. Ella tuvo muchas dificultades. En Egipto tuvo que viajar de noche, y permanecer allí dos años con el Bebé Cristo, y no hizo pregunta alguna, sino que tenía confianza plena en Dios. Por eso no cualquier mujer podía aceptar lo que aceptó la Madre de Dios. Además, en el Evangelio no hay muchas palabras acerca de la Madre de Dios, porque Ella misma no quería, Ella sabía que el importante era Su Hijo el Salvador, no Ella. Por todo esto la Virgen María es un ejemplo doble: ejemplo como Madre y ejemplo como Virgen y tenemos a Ella como nuestra Madre Protectora”, concluyó Monseñor Santiago.

Luego, todos participaron de un almuerzo festivo en el salón parroquial.
















































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