Epístola de Navidad de Su Santidad Porfirije Patriarca Serbio






La Iglesia Ortodoxa Serbia a sus hijos espirituales

en la Navidad, año 2021

+PORFIRIJE

Por la gracia de Dios

Arzobispo Ortodoxo de Pec, Metropolita de Belgrado-Karlovac y Patriarca serbio,

con todos los Jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Serbia,

a los sacerdotes, monjes y todos los hijos e hijas de nuestra Santa Iglesia:

gracia, misericordia y paz de Dios Padre, de nuestro Señor Jesucristo

y del Espíritu Santo,

con la alegría del saludo de Navidad:


¡LA PAZ DE DIOS! – ¡CRISTO HA NACIDO!


“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz,

en los hombres buena voluntad” (Lucas 2:14)



Queridos hijos espirituales nuestros,


Sabemos que el Nacimiento del Niño Dios de Belén es el centro de la historia del mundo y que la corona cristiana de valores se basa en la salvación del género humano en el Señor Jesucristo. El nacimiento del Dios-Hombre va más allá de la misma creación del mundo, porque con la llegada de la Luz de Dios al mundo, bajo las bóvedas de la cueva oculta cerca de la ciudad de Dios de Jerusalén, el hombre es iluminado por la posibilidad de la vida eterna. La cultura y la civilización cristianas florecieron en la Luz que brillaba en las tinieblas y que las tinieblas no prevalecieron contra Ella (Jn 1:5). El nuevo Adán reemplazó al viejo para que el Espíritu Santo renovara toda la creación a través de Él. "El que es en Cristo, una nueva criatura es", exclama el Apóstol Pablo, "las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas". (2 Corintios 5:17). Con este espíritu, el Evangelista Juan nos da la buena nueva que todo fue hecho a través del Logos de Dios (el Verbo de Dios) (Jn 1, 1-3), que tomó sobre Sí la naturaleza humana y así renovó la comunión entre Dios y el hombre, haciendo eterno el pacto en esta alianza.


El amor, hermanos y hermanas, es el iniciador primordial de todos los acontecimientos en la historia de la salvación, y especialmente en la llegada de la Navidad, el pequeño Dios en el mundo. Así, sólo con amor puro es que podremos experimentar la belleza y el poder de la Fiesta de hoy. Impulsado por el amor, Dios creó al mundo y al hombre. Guiado por él, descendió entre nosotros, haciendo que lo humano en su seno reciba lo divino, así como lo en Él no creado abraza lo perecedero. En toda la sabiduría de los Santos Padres de la Iglesia, se destaca el hilo central de que el Hijo de Dios se hizo uno de nosotros para que por gracia lleguemos a ser lo que Él es. El amor de Dios hizo que el mundo creado en el Dios-Hombre Cristo no sea vencido o destruido por el poder divino, sino que sea sanado y salvado siguiendo el camino angosto de la humildad del Señor. Por eso, en la alegría navideña de hoy, es importante comprender que el nacimiento del Dios-Hombre en la modesta cueva de Belén nos invita al amor verdadero, imbuido de un sincero sentido de hermandad entre las personas. Por lo tanto, la alegría de las fiestas debe nutrirse de la nobleza de nuestro testimonio cristiano, del amor que es guiado por el cuidado de los demás, y no de las ilusiones egoístas de la comunidad que la cultura global, especialmente en estas fiestas, utiliza con fines comerciales, sin traer verdadera paz y alegría pura. Acerquémonos, pues, pasando por la calma de la cueva de Belén y sintamos que el Hijo de Dios nació para mostrarnos que nos necesitamos unos a otros, Dios al hombre y el hombre a Dios, el amigo al amigo y el pariente al pariente, el uno al otro, porque sin el otro no podemos!! No nos agobiemos con la pregunta de quién está más cerca de nosotros, sino que en lugar de evaluar lo que los demás nos hacen, preguntémonos a quiénes somos nosotros cercanos y qué hacemos por los demás. Por tanto, estemos cerca de todos aquellos a quienes somos dirigidos según la medida del amor de Cristo.


Si este principio del amor cobra vida en nosotros, entonces concebiremos la semilla de la salvación y la nutriremos, en un mundo que clama profundamente por amor. No hay amor verdadero y eterno sin Cristo Salvador, en quien el amor de Dios por el hombre y el amor del hombre por Dios se encuentran y se unen para siempre. El pensamiento de San Justín de Chelije de que sólo el amor tiene aroma a inmortalidad, porque huele a Dios resuena con poder evangélico. Nos enseña los poderes del conocimiento de Dios y de la vida eterna en el amor de Cristo. Si descuidamos el amor de Cristo en nosotros mismos, caemos en un callejón sin salida trágico, y si lo renovamos con trabajo duro y gracia, ascendemos a la plenitud de la vida. En él está el manantial del regocijo espiritual y la fuente de los valores morales inquebrantables en las pruebas difíciles de la vida.


Esto lo ha sabido nuestro pueblo desde la antigüedad, el cual en estos días de regocijo está reviviendo la costumbre llamada “mirbozhenije” (“hacer la paz de Dios”, esta tradición viene del pasaje del Evangelio “gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, en los hombres buena voluntad” Lucas 2:14, y consiste en que en los días antes de Navidad se busca hacer las paces con aquellos con quienes no estamos en paz, pidiéndoles perdón n. del t.). En la familia y en el barrio, entre familiares y en el trabajo, dondequiera que estemos, la reconciliación con Dios y con el prójimo va acompañada de un saludo primordial: ¡La Paz de Dios, Cristo ha nacido! Así se manifiesta maravillosamente entre nosotros la profecía bíblica del gran Isaías: "Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado" y su nombre será: admirable, consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz "(Is 9: 6). Por lo tanto, oremos en estos días benditos al Señor y Rey de paz (Heb 7: 2) para que extinga las enemistades entre las naciones, para que salve a las personas en todo el universo y para que sea con todos nosotros misericordioso y amante de la humanidad, para que podamos mostrarnos dignos de nuestros antepasados según la carne y según el espíritu, dignos de la bendición prometida a nosotros por los antiguos profetas y dada a nosotros en el Dios-Hombre Cristo.


Y mientras nuestras miradas están felices en oración durante estas fiestas, el sentimiento de que nuestro gozo no es completo permanece en silencio en nuestros corazones. Celebramos el Nacimiento de Cristo Salvador en un mundo lleno de miedo e inquietud, una atmósfera de incomprensión, desconfianza e intolerancia, hasta llegar a la exclusividad derivada de una cultura avanzada del egoísmo y la representación del individualismo; esencialmente los principales valores de la mentalidad del consumidor global. Además, en un mundo en constante cambio, pero que no se desvía del miedo a perder la seguridad de la vida, el hombre de hoy no parece ayudado esencialmente por los logros en la medicina, la industria y la tecnología. Parece que la sociedad humana básicamente ya no es la misma, porque las contribuciones científicas y técnicas bajo la influencia de las tecnologías de la información tienden a cambiar la forma en que las personas se comunican, aumentando su alienación y soledad. Basta con sentir inseguridad en el tratamiento de las enfermedades básicas, para que el miedo adquiera la forma existencial límite.


Todo esto habla de la atmósfera que realmente describió proféticamente nuestro premio Nobel Ivo Andrić, diciendo que el peligro real y mayor no está en los peligros que realmente nos amenazan, sino en el miedo que hay en nosotros. El Niño-Dios Cristo expulsa ese temor de nosotros, como testifica su amado discípulo Juan: “No hay temor en el amor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí tormento, y el que teme no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18). Y antes del Apóstol del amor, se escribió un mensaje en el Antiguo Testamento que une a muchos otros: “No temas, que yo estoy contigo; no temas, porque yo soy tu Dios; Te fortaleceré y te ayudaré, y con la diestra de mi justicia te sustentaré ”(Is 41:10). Por tanto, la respuesta a la situación que nos aflige hoy debe buscarse en las palabras que el Señor Cristo dirigió a los discípulos antes de su sufrimiento: “En el mundo tendréis dolor; pero no teman, Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). ¡Alegrémonos, por tanto, hermanos y hermanas, porque el Vencedor viene a nosotros en Navidad! Quitemos la sombra del miedo a pesar de las dificultades, y con fe firme en Dios celebremos el Nacimiento del Dios-Hombre, cuyo nombre Nuevo-Testamentario Emmanuel nos fortalece con su poderoso significado literal: Dios está con nosotros (Is 7, 14).


En la alegría festiva de la Navidad, con especial cuidado y responsabilidad pastoral, enviamos saludos paternales y oraciones por nuestras hermanas y hermanos en la patria y en el extranjero, dondequiera que vivan los serbios ortodoxos, especialmente los de Kosovo y Metohija, nuestra cuna espiritual y nacional. Les decimos que sabemos de sus tentaciones que aún continúan, pero que su Iglesia Madre siempre ha estado con ellos y siempre lo estará. Hoy estamos espiritualmente y en oración con todos ustedes en cada lugar de su vida. Cada hogar ortodoxo se convierte en un pequeño Belén en el que nos impregna el significado de la Nochebuena y la quema del Badnjak y el calor de la paja, en el que cantamos juntos la canción sublime: "Tu Nacimiento, Cristo nuestro Dios, irradió al mundo la luz de la sabiduría ..."


¡Felicitamos hoy por la Navidad, con gran respeto y gratitud, a todos los médicos y trabajadores de la salud, por quienes ofrecemos oraciones al Niño-Dios Cristo! ¡También oramos para que los enfermos se recuperen lo antes posible y para que pase el contagio que invadió el mundo! También oramos para que nosotros, los cristianos ortodoxos, no tengamos más pánico por nuestras vidas y no retrocedamos ante los peligros de propagar el virus, sino que tengamos firme confianza en Dios, el verdadero Médico de nuestras almas y cuerpos. Y que el sentimiento de miedo, alentado por la "distancia social" recomendada, no nos impida hacer lo que sea en beneficio de nuestros vecinos y de la comunidad a la que pertenecemos en todos los sentidos: espiritual, familiar, empresarial ... Para nosotros los cristianos ortodoxos, es permanentemente confirmada la lección: “si has visto el rostro de tu hermano, has visto a tu Dios”. Ella fue acuñada por siglos de examen de nuestra naturaleza hecha a imagen de Dios, siempre enfocada en la comunión con Dios, con los hermanos y hermanas, y con toda la naturaleza. Por lo tanto, la Iglesia pide a todos que se adhieran a las medidas y recomendaciones razonables de los gobiernos y otras instituciones competentes en los países y áreas donde vive nuestra gente durante la pandemia, pero también recuerda a todos evitar la exclusividad y respetar la libertad humana como el don más sublime y más valioso de Dios dado al hombre. Teniendo presente la llamada del Apóstol Pablo: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud" (Gal 5, 1), permanezcamos libres pero no menos responsables, cuidando a los demás ya nosotros mismos.


Ante la amenaza global del coronavirus, primero nos damos cuenta de que el hombre fue creado para actuar como el único factor verdadero de estabilidad y supervivencia en este mundo. Dependiendo del uso de su libre albedrío, él puede ser el único factor perturbador, el único virus real. Con su intervención en la naturaleza humana y la violencia contra la creación en su conjunto, el hombre perturba la magnífica armonía de todo lo que Dios ha creado. En ese sentido, el coronavirus, como cualquier otro virus, es sólo un reflejo de un problema inconcebiblemente más profundo. Por tanto, es, entre otras cosas, la expresión de una advertencia pedagógica al hombre de volver a los mandamientos de Dios, porque cuando a la naturaleza se le quita y cuando no se vive conforme al orden establecido por Dios, ella deja de ser nuestro pacífico hábitat. La naturaleza durante mucho tiempo recuerda y soporta injusticias, pero tarde o temprano replica con golpes. Por lo tanto, debemos respetar, criar y cuidar la naturaleza como el regalo más valioso de Dios.


El significado de la Navidad consiste en el hecho de que el Niño-Dios Cristo, en el evento de Su nacimiento milagroso, nos dio de una vez y para siempre la posibilidad de curarnos de nuestras acciones similares al virus, y una vez más, la única posibilidad de curar nuestra relación con Dios, con la creación y con gente. Por tanto, seamos sobrios al respecto, atendiendo a lo que nos dicen en la luminosidad de esta Fiesta los versos escritos por el gran santo y poeta eclesiástico Juan Damasceno: "¡El cielo y la tierra hoy, como está profetizado, que se regocijen! ¡Que los ángeles y la gente celebren espiritualmente! Porque Dios se apareció en la carne a los que estaban en tinieblas y en las sombras, al nacer de mujer. La cueva y el pesebre lo acogen, los pastores proclaman el milagro, los sabios de Oriente traen regalos hasta Belén, y nosotros, con labios indignos, imitando a los ángeles, Lo alabamos: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz ! "


¡Que a ustedes sea feliz y bendito por Dios este día en que nació nuestro Salvador y Redentor Cristo el Señor! Con estos deseos y oraciones al Niño-Dios Cristo, les deseamos, como cuerpo eclesiástico conciliar y también individualmente, todo bien verdadero en el Año Nuevo 2022.


Por eso os saludamos a todos con el feliz saludo navideño:


La Paz de Dios - ¡Cristo ha nacido!


Dado en el Patriarcado Serbio en Belgrado, en la Navidad del año 2021

Por vuestros orantes ante el Divino Niño Cristo:


Arzobispo de Pec, Metropolita de Belgrado-Karlovac

y Patriarca Serbio PORFIRIJE Metropolita de Dabro-Bosnia CHRYSOSTOM

Metropolita de Montenegro y el Litoral JOANIKIJE

Obispo de Sabac LAVRENTIJE Obispo de Srem VASILIJE Obispo de Banja Luka JEFREM Obispo de Budim LUKIJAN Obispo de Banat NIKANOR Obispo de Nueva Gracanica-Medio Oeste de EEUU LONGIN Obispo de Canada MITROPHAN Obispo de Backa IRINEJ Obispo de Gran Bretania y Scandinavia DOSITEJ Obispo de Zicha JUSTIN Obispo de Vranje PAHOMIJE Obispo de Sumadija JOVAN Obispo de Branicevo IGNATIJE Obispo de Zvornik-Tuzla FOTIJE Obispo de Mileseva ATANASIJE Obispo de Düsseldorf and Germany GRIGORIJE Obispo de Ras y Prizren TEODOSIJE Obispo de EEUU Occidental MAXIM Obispo de Gornji Karlovac GERASIM Obispo de EEUU Oriental IRINEJ Obispo de Krusevac DAVID Obispo de Slavonia JOVAN Obispo de Austria y Switzerland ANDREJ Obispo de Bihac-Petrovac SERGIJE Obispo de Timok ILARION Obispo de Nis ARSENIJE Obispo de Buenos Aires Sur y Centro América KIRILO

Obispo de Australia y New Zealand Metropolia SILUAN Obispo de Dalmacia NIKODIM Obispo de Osek-Polje y Baranja HERUVIM

Obispo de Valjevo ISIHIJE

Obispo de Budimlje y Niksic METODIJE Obispo de Zahumlje y Hercegovina DIMITRIJE Vicario Obispo de Moravica ANTONIJE Vicario Obispo de Remezijan STEFAN

Vicario Obispo de Toplica JEROTEJ

Vicario Obispo de Jvostan JUSTIN

Vicario Obispo de Mohac DAMASKIN Vicario Obispo de Marcha SAVA Vicario Obispo de Jum JOVAN

ARCHIDIOCESIS DE OCHRID: Arzobispo de Ochrid y Metropolita de Skoplje JOVAN Obispo de Polog y Kumanovo JOAKIM Obispo de Bregalnica MARKO

Vicario Obispo de Stobi DAVID

Traducción de la Diócesis de Buenos Aires, Sur y Centro América de la Iglesia Ortodoxa Serbia


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