En el domingo de la Expulsión de Adán y Eva del Paraíso, el Obispo Kirilo dio un sermón



El pasado domingo 6 de marzo, último domingo de preparación para la Gran Cuaresma, en el que se conmemora la Expulsión de Adán y Eva del Paraíso, se celebró la Divina Liturgia en la Catedral de la Natividad de la Virgen, oficiada por el Presbítero Esteban Jovanovich y el Hieromonje David (Janketic). El Obispo Kirilo estuvo en el Altar y también estuvo presente el Protodiácono Nicolas Radis. En su sermón, el Padre Esteban dijo que “hoy la Iglesia recuerda la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. Dios había creado al hombre y a la mujer santos, puros, pero con la desobediencia al comer del árbol prohibido, entró en ellos el pecado y la muerte, y fueron expulsados del Paraíso. Dios Padre envió a Su Unigénito Hijo Jesucristo para que él renueve

la naturaleza caída de la humanidad y vuelva a abrir para ellos la puerta del Paraíso. Así fue como Cristo tomó el cuerpo humano, vivió con nosotros, murió en la Cruz y venció a la muerte resucitando de los muertos. Así, con Su Resurrección, abrió nuevamente las puertas del Paraíso al género humano. Pero para poder resucitar junto con él y volver al Paraíso del cual fuimos expulsados, debemos cumplir con los Mandamientos de Dios, hacernos dignos de esta Gracia. Y la Gran Cuaresma es el momento del año en el que más nos ocupamos de nuestra salvación, con oración, ayuno y la participación de los Santos Sacramentos”.


Luego, el Obispo Kirilo leyó la Oración para el comienzo de la Gran Cuaresma (la cual compartimos al final de este texto) y dio un sermón sobre la Gran Cuaresma. Entre otras cosas, Vladika Kirilo dijo: “Queridos hermanos y hermanas, mañana comienza la Gran Cuaresma, en la cual vamos a practicar con más fervor el ayuno y la oración. El ayuno y la oración no son los objetivos finales de nuestra vida, ellos son medios, instrumentos, con los cuales logramos el verdadero objetivo final que es la adquisición del Espíritu Santo. Este es el objetivo final para nuestra salvación, y lo alcanzamos a través de la oración y el ayuno, a través de los Santos Sacramentos, etc… Es importante esforzarse en el ayuno y la oración durante la Cuaresma, pero con más fervor en la primera semana y en la última. Es una piadosa costumbre confesar y comulgar especialmente en estas dos semanas, y quien se prepara también en las demás semanas de la Gran Cuaresma. La primera semana se llama la semana de la pureza, y se lee el Cánon de arrepentimiento de San Andrés de Creta. Y la última semana es la Semana Santa de la Pasión del Señor. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso porque habían desobedecido a Dios y por eso el pecado y la muerte entraron en ellos, Adán se paró frente a las puertas cerradas del Paraíso y comenzó a llorar. Los Santos Padres nos enseñan que Adán lloró porque se dio cuenta de todo lo que había perdido y lo que había hecho. Lloró porque había perdido la Gracia del Espíritu Santo en él, el Espíritu Santo que moraba en el hombre creado por Dios pero que se alejó de este hombre cuando él desobedeció. Por eso se sintió desnudo, porque sentía la ausencia de esa gracia en su naturaleza. La naturaleza de Adán era pura, así fue creada por Dios. Pero ahora estaba corrompida con la inclinación al pecado y con la misma muerte. La inclinación a pecar y la muerte entraron en la naturaleza humana, y Adán sintió eso y por eso lloró. Lloró también porque se dio cuenta que había dañado profundamente la armonía entre Dios y él, y entre él y la creación que él debía regir como rey de la creación. Entonces la curación a este mal del pecado y la muerte en la naturaleza humana la trajo Cristo Quien se encarnó, murió y resucitó de la muerte. Así el Señor volvió a santificar la naturaleza humana, y nosotros podemos alcanzar la santificación de nuestra naturaleza humana caída, por medio del ayuno, de la oración y de la participación de los Santos Sacramentos. En esta Gran Cuaresma vamos a practicar el ayuno. La ciencia hace tiempo ya habla de los beneficios del ayuno para el cuerpo humano. Esto es algo que la Iglesia lo sabe por siglos. Pero el ayuno le hace bien tanto al cuerpo como al alma humana. Es importante mencionar que no todos pueden hacer el ayuno como indica la Iglesia: las personas ancianas o las personas que cursan enfermedades, o las mujeres que están embarazadas o que amamantan a sus hijos, están exentas de hacer el ayuno como todos, y lo hacen según sus fuerzas y posibilidades. Siempre hay que guiarse con el sacerdote o padre espiritual en la práctica del ayuno. Siempre el ayuno hay que hacerlo con discernimiento. Así, practicando el ayuno, la oración, participando en los sacramentos de la Confesión y la Comunión, purificaremos nuestra naturaleza caída y podremos participar de la naturaleza divina, y seremos dignos de la Salvación por Dios”, concluyó el Obispo Kirilo.

Finalmente el Obispo agregó: “Hoy en el día anterior a la Gran Cuaresma, este día se llama el Domingo del Perdón. Nos pedimos perdón unos a otros, diciéndonos: Perdóname a mí pecador. Y el otro contesta: Dios perdona, perdóname a mí pecador. Esto lo hacemos para comenzar la Cuaresma santa estando en paz unos con otros. En el Padre Nuestro nosotros pedimos a Dios que nos perdone nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Porque si nosotros no perdonamos a nuestro prójimo, entonces ¿cómo vamos a recibir el perdón de Dios por nuestras faltas? Por eso es necesario perdonar y pedir perdón” dijo el Obispo. Y luego todos los fieles besaron la cruz y se pidieron perdón uno al otro dentro del templo, emocionados algunos hasta las lágrimas.


Compartimos la oración para el comienzo de la Gran Cuaresma.



Oración para el comienzo

de la Gran Cuaresma


Roguemos al Señor,

¡Señor, ten piedad!

¡Oh, Dios, Esperanza de todos los confines de la tierra, de aquellos que están en los lejanos límites del mar! Tú que anteriormente nos has manifestado estos santos días del ayuno a través de la ley, los profetas y evangelistas, haznos dignos a todos de comenzar en pureza el ayuno, a fin de guardar la fe inquebrantable, y de cumplir tus mandamientos en todos los días de nuestra vida. Manda al Ángel del mundo a que cuide nuestros comienzos y finales de cada obra buena, y que nos ayude y prepare para comulgar dignamente de tus Preciosísimos Misterios.

Bendito eres, ¡Oh! Señor Todopoderoso, Dios de nuestros padres, de Abraham, Isaac y de Jacob. Tú eres el creador del Cielo y de la Tierra, del mar y de todo lo que hay en él. Tú recibiste las lágrimas de tu siervo el profeta David, y le concediste el perdón de sus pecados porque se había arrepentido. Y tú nos has mandado a perdonar setenta veces siete a aquellos que caen en el pecado.

Recibe, Señor, la metanía y el ayuno de tus siervos, concediendo la bendición espiritual a ellos y a todos nosotros, a través de Jesucristo nuestro Señor, con Quien eres bendito, junto con tu Santísimo, Bueno y Vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.





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