Sermón del Obispo Kirilo sobre la Pandemia, en el sábado de Alabanza a la Virgen



En el día de la alabanza a la Virgen (sábado 4 de abril 2020)


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Honorables padres, queridos hermanos y hermanas, nos acordamos en estos días cuando ocurría la persecución de los cristianos en los primeros siglos, cuando la muerte acechaba a cada paso de cada cristiano quienes siempre se esforzaban por estar preparados para el traspaso hacia el Señor.

Incluso los mártires y presos en las celdas, quienes no tenían permitido acceder a los templos o a sus hogares, es sabido según sus biografías que oficiaban la santa liturgia sin tener un santo altar, uno de ellos se recostaba y proponía que su pecho fuese el Santo Altar para el sagrado sacaramento y con ello llevando en todo sentido el sacrificio a Dios. Los cristianos de los primeros tiempos tenían esa costumbre de llevar a todos lados las santas reliquias y aceite consagrado para siempre estar preparados para el traspaso hacia Dios.

De este modo nosotros también tenemos que comprender aquellas palabras del Padrenuestro: el Pan nuestro sustancial dánoslo en cada día. Ello en primer término se refiere al Plan Celestial, es decir, al Pan de Cristo y luego, desde ya, se refiere a ese pan material para el fortalecimiento del cuerpo. Entonces, si ese pan nos es necesario todos los días, antes que eso nos es necesario el Pan que proviene del cielo. Si el sol nos da su calor todos los días, antes tenemos que ser calentados con el Sol de la verdad, con la energía de Dios.

Por eso, cada cristiano debe atestiguar en su familia, también obispos, sacerdotes y monjes, ellos aun más deben dar fe de esa necesidad substancial de la vida eterna del hombre. El Pan eterno de todos los días. Particularmente es necesario que todos tengamos ese sentimiento de atracción hacia la Santidad y en estos días y en estos tiempos de epidemia la cual deja su saldo en todo el planeta. Si no tenemos eso, entonces todo esto no tiene sentido por lo que es mejor que todos estemos azotados por una enfermedad o adversidad y que termine nuestra existencia en la tierra, ya que nada tiene sentido, nuestro pasar por la tierra es en vano y vacío si no hay vida eterna en Cristo.

Por ende, nosotros como Iglesia debemos atestiguar, sin generar ningún inconveniente a nuestros amigos y a nuestra sociedad, mientras tanto, creyendo firmemente que ninguna enfermedad puede salir de la Iglesia, de los Sagrados Sacramentos. Son estos el bálsamo y remedio de la inmortalidad y por lo tanto son mas fuertes que cualquier enfermedad y epidemia.

La medicina de hoy y sus médicos hoy en día hacen lo que pueden frente a las enfemedades, su esfuerzo amerita reconocimiento. Muchos de ellos se enfermaron y murieron ayudando al prójimo, y ellos mismos confiesan que son impotentes. Es grande el agradecimiento que le tenemos por su trabajo. Sin embargo, la clave para la resolución de toda desgracia es Cristo. En todos los momentos de crisis de la historia de la humanidad, en epidemias, ellos siempre iban acompañados de oraciones ante los iconos de la Madre de Dios, al Dios único, a los creyentes, a los Santos, a la Iglesia de Dios.

Así es como se resolverá esta epidemia, que ha sido permitida por el Señor debido a nuestra negligencia y tal vez por la intención de otra persona (También existen tales teorías que esto es todo una guerra biológica) pero, sea como sea , Dios lo ha permitido , podemos verlo como la ira natural de Dios que llegará a su fin con las oraciones de la Iglesia porque Dios es misericordioso , así que no deja ir la ira para siempre, sino que la interrumpe para que la gente pueda soportarlo todo. Que el Señor apacigue a los afectados por la enfermedad. Que Dios reciba como un martírico esfuerzo a todos aquellos que murieron a casua de esto, esperando la vida eterna, tal como lo hizo ciertamente nuestro Obispo Milutin (Obispo serbio fallecido por coronavirus en marzo 2020).

Escuchamos que un sacerdote católico le dio su respirador a un hombre más joven y le dijo "no me hace falta esto, ya he vivido mi vida", por lo que creo que una mujer de los Países Bajos también renunció a su respirador en beneficio de su vecino. Estos son ejemplos de personas piadosas y el Señor no los despreciará el dia del temido juicio final.

La salvación está en el Señor, él los recibirá por la justicia, pero depende mucho de cómo se comporten las personas en esta enfermedad, en esta pandemia. Si nosotros, en la fila para comprar insumos nos pisoteamos, peleamos, disputamos el papel higiénico, etc., ¿es agradable esto a Dios? Por supuesto que no

Cada crisis se apresta a examinar a las personas, a ver cómo se comportan, cuál es su amor. Anoche vi un video, un jugador de baloncesto afroamericano, un atleta, no sé quién es este hombre pero dijo muy bellamente, que el amor es más fuerte que todo esto y que no debemos rendirnos al pánico, al miedo y al odio hacia los demás. No debemos despreciar a los chinos, ni a los italianos, ni a otros seres queridos de nuestro entorno que corren más riesgo.

No debemos pensar que aquellas personas que murieron a causa de la enfermedad, fueron más pecaminosos que todas las demas personas y por ese motivo perecieron. Sino mas bien que esta pandemia es la voz del arrepentimiento para todas las personas y naciones. Si nos rendimos a este pánico y miedo, esto nos lleva al caos y conduce al trastorno mental a una agitación futura económica, a la muerte por hambre, tal como lo fue en todos estos eventos en la historia de la raza humana en el momento y después de las pandemias.

Pero nosotros los cristianos debemos ser una luz en todo, para mostrar la dignidad en todo. No ponernos en peligro a nosotros mismos ni a los demás, orar por todos, y también sentir la responsabilidad colectiva de ayudar.

Siempre debemos ofrecer nuestros servicios, y no solo los sacerdotes y los obispos llevando a los fieles los Santos Sacramentos, sino que escuché que muchos voluntarios se han ofrecido, y nuestro Padre Rafael en Ecuador se ha ofrecido para ayudar con la distribución de comida y en las instalaciones médicas. Quizas esta sea una forma de servir a nuestro prójimo.

Los cristianos están separados del mundo, pero también tienen la responsabilidad de salvar no solo a sus familias, especialmente los sacerdotes y obispos, sino también todos los cristianos deberían tener una responsabilidad colectiva para la salvación del mundo entero, y estar siempre al servicio de Dios y del prójimo. Esa es nuestro designio, y no olvidar nuestro Pan substancial.

Sería bueno, yo tengo ese objetivo, de que nosotros aquí oficiemos de forma diaria la Santa Liturgia si Dios permite que se multipliquen los hermanos y que sea asi dentro de las posibilidades, pero por ahora aunque sea esas tres liturgias en la semana.

Después de todo, la muerte y la vida son del Señor, así que si el Señor nos da ese fin con respecto a esta enfermedad, gloria a Dios, y si no, nuevamente, gloria a Dios. Entonces, todo, tanto alegría como tristeza, la muerte como la vida, debemos aceptarlo con Dios, es nuestro testimonio, debemos hacerlo realidad por encima de todo en nuestras vidas, y luego ayudar a nuestro prójimo a entender todo esto.

Que el Señor permita que las oraciones de la Virgen apaciguen la ira de Dios sobre nosotros pecadores, que llegue a su fin esta epidemia lo antes posible y que el Señor haga descansar el alma de nuestro querido obispo Milutin y todos los que han padecido la enfermedad. Que sean recibidos por su martirio, por justicia, que le sean perdonados sus pecados.

Que los enfermos sanen rápidamente, roguemos a Dios que estas cifras que se anuncian en Estados Unidos y en todas partes, no se hagan realidad respecto de los posibles muertos, esperamos que no suceda, porque el Señor es misericordioso y también perdonará y revertirá este mal.

Este es quizás la única cuaresma en la historia de la humanidad en la que el mundo entero ayuna, resguardándose en sus hogares.

Así que algunos rezan, otros no, pero espero que al menos se les ocurran algunos buenos pensamientos cuando se ven obligados a enfrentarse a sí mismos, para enfrentar la pregunta de quiénes somos, qué es la muerte, qué nos espera después de la muerte, ¿a dónde va nuestra civilización? y que muchos produzcan buenos frutos espirituales y resurrección espiritual ... ¡Dios así lo quiera y la Santa Madre de Dios nos salve!


Traducción del serbio al español por Mariano Burman

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