Santos Cirilo y Metodio Iluminadores de los Eslavos - Onomástico del Obispo Kirilo

May 23, 2019

 

Mañana 24 mayo la Iglesia Ortodoxa celebra a los Santos Cirilo y Metodio - Iluminadores de los Eslavos. La vida de estos dos grandes santos la compartimos más abajo. 

S. E. Obispo Kirilo celebra su Onomástico, ya que lleva su nombre en honor a San Cirilo hermano de San Metodio. 

Vladika Kirilo se encuentra en este momento en Montenegro, ya que viajó para el Concilio de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia y demás actividades tanto en Serbia como en Montenegro. 

Le deseamos a nuestro Obispo Kirilo que su Santo Protector, el Venerable Cirilo, lo guarde y asista en su misión episcopal en Sudamérica y Centroamérica, y que Dios le conceda MUCHOS AÑOS!

 

 

 

Los Santos Cirilo y Metodio

 

Los Santos Cirilo-Constantino (827 -869) y Metodio (815-885) llevaron la fe y la cultura a los pueblos eslavos. Son considerados por las Iglesias Ortodoxas como «apóstoles de los eslavos». La Iglesia Católica Romana los considera «patronos de Europa».

La caída en el año 476  del Imperio Romano de Occidente, debido a las invasiones de los pueblos bárbaros, condujo a la creación en Europa Occidental de varios principados y reinos de diferentes tribus germanas. La paulatina cristianización de los mismos se fue realizando con los textos eclesiásticos (Evangelio, Misa, etc.) en latín. Sin embargo cuando en el este de Europa se crearon los estados eslavos, en el territorio de las actuales Polonia, República Checa y Eslovaquia, sus pueblos eslavos manifestaron el deseo de recibir la nueva fe en su propio idioma. Así, en un concilio popular de Moravia (parte de la posterior Checoslovaquia), en el cual participaron varios príncipes, el pueblo tomó la decisión de enviar embajadores a Constantinopla, al emperador oriental romano (bizantino) Miguel, con el siguiente pedido: «Nuestro pueblo rechazó el paganismo y sostiene la fe cristiana. Sin embargo, no tenemos un maestro que nos pudiera explicar la fe de Cristo en nuestra propia lengua. Si lo tuviéramos, otros países eslavos, viendo esto, querrían seguir detrás nuestro». Como lo relata La Vida de los Santos, el emperador Miguel dijo entonces a San Cirilo: «Filósofo, yo sé que tú estás enfermo, pero debes ir allá, porque nadie podrá cumplir esta misión mejor que tú».

Los dos santos hermanos habían nacido en Tesalónica, capital de Macedonia, una provincia del Imperio Bizantino donde vivían muchos eslavos. Su padre era un importante funcionario militar bizantino, que tenía siete hijos. El mayor se llamaba Metodio y el más joven Constantino. Metodio era militar como su padre y llegó a ser gobernador en una región eslava de Bizancio. Constantino recibió una brillante educación filosófica y teológica, con dominio de varios idiomas. Era alumno del conocido filósofo Focio, que luego fue patriarca de Constantinopla. Constantino fue ungido sacerdote y designado jefe de la Biblioteca de la Catedral de Santa Sofía.

El comienzo de la actividad misionera de Constantino, que como monje adoptó de nombre de Cirilo, fue un viaje a Siria a la edad de 24 años. El príncipe musulmán de Samara había pedido al emperador bizantino que le enviara a alguien con quien se pudiera dialogar sobre la fe. Después de esta misión, San Cirilo se retiró a un monasterio en el Asia Menor, donde ya se había retirado su hermano mayor, San Metodio. Después de un tiempo, los dos hermanos de Tesalónica, fueron llamados por el Emperador Miguel, quien, por consejo del Patriarca Ignacio, había decidido enviarlos en misión al estado de Kasaros, al norte del mar Caspio, también para sostener diálogos sobre religión. La mayoría del pueblo de este estado eran de etnia turca, pero también había minorías eslavas. La mayoría de su clase gobernante se había convertido al judaísmo. Durante este viaje, los santos hermanos pasaron por Crimea, que era una provincia bizantina, habitada mayormente por griegos, pero también por eslavos. Allí, en la ciudad de Quersoneso, actual Sebastopol, tomaron parte en el descubrimiento de las reliquias de San Clemente, tercer Papa de Roma. Una parte de estas reliquias fueron llevadas luego a Roma por los hermanos. La tercera misión de los Santos Cirilo y Metodio fue a Bulgaria, donde participaron en el bautismo del zar Boris y de su pueblo, aproximadamente en el año 860.

Después de estas tres misiones, los santos hermanos comenzaron a preparase para su cuarta y última misión, a los eslavos. Para ello era necesario traducir al eslavo antiguo el Evangelio y la Misa. El eslavo antiguo era entonces, para todos los pueblos eslavos, prácticamente común. Los santos crearon primero un alfabeto especial eslavo llamado «glagóliza» (de «glagol», verbo, logos), muy diferente al alfabeto griego. Luego, crearon otro alfabeto, llamado «ciríliza, o sea cirílico, tomando como base el alfabeto griego, que ya era conocido por muchos eslavos. Con su ayuda, tradujeron del griego los Evangelios y el Misal. Si para ello faltaban algunas palabras en eslavo, las creaban al modo de la lengua griega, pero con las raíces eslavas. Este alfabeto cirílico luego se impuso entre los eslavos orientales y los eslavos del sur. La traducción del griego al eslavo eclesiástico de los textos sagrados es considerada como la mejor traducción hasta el día de hoy.

Así, en el año 862, los Santos Cirilo y Metodio terminaron la tarea preparatoria de su misión para los eslavos. Por coincidencia, este año también es considerado como el año de la creación del estado Ruso. Así fue creada la cuarta lengua a la cual fueron traducidos el Evangelio y la Misa. Hasta ese momento se consideraba que el Evangelio y la Misa podían estar expresados sólo en las tres lenguas de la inscripción en la Cruz de Cristo: griego, latín y hebreo.

Los Santos Hermanos fueron bastante perseguidos por el uso de la lengua eslava, sobre todo en los territorios alemanes colindantes con Moravia. Sin embargo, el Papa Adrián II aceptó esta nueva versión en eslavo eclesiástico e inclusive celebró misa en San Pedro en esta nueva lengua, junto con San Cirilo, durante su visita a Roma. Once siglos después, el Segundo Concilio Vaticano dio razón a los Santos Hermanos, quienes así fueron confirmados como promotores y pioneros del uso de lenguas vernáculas en la Iglesia Cristiana.

Igor Andruskiewitsch

 

 

 

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