Comunicados del Concilio de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia respecto a Kosovo y Metojia, y también respecto a la crisis de la Iglesia en Ucrania

November 16, 2018

 

 

COMUNICADO DEL SANTO CONCILIO DE OBISPOS DE LA IGLESIA ORTODOXA SERBIA

SOBRE KOSOVO Y METOJIA

 

     Reunidos en la asamblea de otoño del Santo Concilio de Obispos, nosotros, los Obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia, encabezados por Su Santidad el Patriarca serbio Irinej, en estos tiempos difíciles que nuestra Iglesia y los fieles afrontan en Kosovo y Metojia, en primer lugar, expresamos nuestro apoyo a Su Eminencia el Obispo Teodosije de Raška-Prizren, a su clero, a los monjes y al pueblo fiel de la Diócesis de Raška-Prizren en sus esfuerzos por persistir y permanecer en Kosovo y Metojia, el corazón de la espiritualidad ortodoxa serbia y de nuestra identidad.

    Además, expresamos nuestra preocupación por los últimos acontecimientos, especialmente muchos incidentes, robos y otras formas de presión contra nuestro pueblo. Recordamos a los representantes políticos internacionales y locales, que ellos están obligados a proporcionar una vida pacífica y digna a todos los ciudadanos y a no permitir ningún tipo de violencia. Destacamos especialmente la importancia de la presencia y el papel activo de las fuerzas de paz internacionales KFOR y de la misión de la OSCE, de conformidad con la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que debe continuar hasta que se hayan establecido condiciones de vida normales para todas las comunidades de Kosovo y Metojia.

    También en esta ocasión reiteramos la posición firme y unánime de todos los miembros del Concilio de Obispos de nuestra Iglesia, expresada en la reunión anual de mayo, de que la plena soberanía e integridad de Serbia en Kosovo y Metojia no puede ser cuestionada bajo ninguna circunstancia, tal como lo garantizan la Constitución de Serbia y la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Porque para nuestra Iglesia, Kosovo y Metojia nunca ha sido ni puede ser sólo una cuestión política cuya solución está bajo el monopolio exclusivo de las autoridades estatales. Para nosotros, a lo largo de nuestra historia y en la actualidad, Kosovo y Metojia han sido principalmente una cuestión de supervivencia de nuestro clero, monjes y los fieles y, sobre todo, de nuestros antiguos lugares sagrados, sin los cuales nunca llegaríamos a ser lo que somos hoy.

    Como no podemos discutir la supervivencia de nuestro pueblo, especialmente de la mayoría vulnerable de los serbios que viven al sur del río Ibar, sin la preservación de nuestros lugares sagrados, tampoco podemos discutir la preservación de nuestros lugares sagrados como monumentos culturales y religiosos solamente, cuya supervivencia es alegóricamente posible sin nuestra congregación. Nuestros lugares sagrados tienen su significado más profundo únicamente como lugares de reunión litúrgica de nuestro pueblo, no sólo de los de Kosovo y Metojia, sino de todas las regiones del mundo habitadas por serbios.

    Nuestras obligaciones hacia Kosovo y Metojia son hoy más profundas, ya que hemos estado enfrentando presiones internacionales cada vez más fuertes sobre nuestro país para que acepte renunciar a Kosovo y Metojia, ya sea mediante un acto directo de reconocimiento de Kosovo o mediante una aprobación tácita de la adhesión de Kosovo a las Naciones Unidas y a otras organizaciones internacionales. Cualquier firma que permita en última instancia el reconocimiento de Kosovo, la participación en la ONU o la renuncia de Serbia a ella en cualquier forma, privaría para siempre a Serbia de sus derechos históricos sobre la zona, tan fundamentalmente importantes para nuestra espiritualidad y nuestra condición de Estado.

    Nos preocupa especialmente que bajo el disfraz de la supuesta “delimitación entre serbios y albaneses” se invada la posibilidad de la separación de Serbia — sino de todo Kosovo y Metojia, entonces de su mayor y más importante parte, lo que llevaría a su reconocimiento como parte de un Kosovo independiente o incluso de la llamada Gran Albania. Las consecuencias de tal decisión serían trágicas para el futuro de nuestro pueblo y de nuestros lugares sagrados. En tal escenario, la mayoría de los serbios, privados de protección y seguridad adecuadas, se verían obligados a huir de su patria histórica, donde se establecería una sociedad albanesa étnicamente limpia con mayor intensidad, y con la destrucción de todos los rastros de nuestra existencia histórica. La idea de la llamada partición o separación de la unidad orgánica entre los serbios del sur y del norte del río Ibar, y de ellos conjuntamente con los demás serbios, sin importar dónde vivan, crea mucho malestar y grave preocupación entre nuestro pueblo y no cuenta con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos de Serbia y de los serbios de todo el mundo. La partición territorial es especialmente peligrosa porque inevitablemente significaría la creación de territorios étnicamente limpios, lo que tendría consecuencias imprevisibles para la región, que aún se recupera dolorosamente del sufrimiento y la destrucción infligidos durante los años noventa. Por esta razón, nuestra Iglesia siempre ha apoyado la construcción de una sociedad en la que los pueblos de diferentes orígenes puedan vivir en paz, con plena protección y respeto de sus identidades religiosas, culturales y étnicas.

    El Santo Concilio de Obispos está particularmente preocupado porque desde 2007 nuestra Iglesia nunca ha sido invitada oficialmente a expresar sus sugerencias sobre la protección de nuestros santos lugares, el clero, los monjes y los fieles. Durante años hemos estado insistiendo en la protección adecuada de nuestros lugares sagrados porque hemos sido testigos no sólo de la flagrante falta de aplicación de las disposiciones legales existentes (relacionadas con los elementos del “plan Ahtisaari” que fue incorporado en la llamada legislación de Kosovo) incluso a pesar de las presiones internacionales, sino que también hemos visto que las autoproclamadas instituciones locales de Kosovo continúan con impunidad el proceso que tiene por objeto la creación de un Kosovo albanés étnicamente limpio en el que, a la larga, no habría lugar para los serbios y otras comunidades no albanesas. La evasión sistemática de las obligaciones aceptadas de Priština en relación con la Comunidad de Municipalidades Serbias y otras obligaciones del “diálogo de Bruselas” no hace más que confirmar que, en las circunstancias actuales y con el comportamiento actual hacia los serbios, sería muy difícil encontrar una solución a largo plazo. Esto no implica en modo alguno que nuestra Iglesia apoye “un conflicto congelado”, sino todo lo contrario: alentamos la continuación de un diálogo abierto pero cuidadosamente guiado que se centre principalmente en la protección de los derechos humanos y religiosos, la mejora del estado de derecho, el fortalecimiento de la seguridad jurídica y una protección más eficaz del vulnerable patrimonio espiritual y cultural, que no dependería de la voluntad de las instituciones locales de Kosovo, sino que estaría regulado de manera más amplia con una supervisión internacional y mecanismos claramente definidos de aplicación de los acordados principios de protección. También es muy difícil hablar de un nuevo diálogo sin crear las condiciones para el retorno de los serbios expulsados, la protección y la restitución de sus propiedades usurpadas. Abandonar esta petición significaría la aprobación de la limpieza étnica posguerra como un trato hecho. Sin estas condiciones previas, es imposible hablar de una solución duradera de los problemas de Kosovo y Metojia. Por esta razón, la imposición de plazos apresurados a pesar de las condiciones extremadamente desfavorables sobre el terreno y de una situación muy compleja en la Unión Europea no tiene ninguna justificación.

    Instamos a los representantes estatales de la República de Serbia a que, en lugar de tratar de resolver apresuradamente las cuestiones con Priština, presten más atención a la creación de una plataforma estatal y nacional en cuya preparación participarían todos los factores pertinentes de nuestra sociedad. Sólo así se preservarán los intereses básicos de nuestro pueblo y se restablecerá la confianza de todas las contrapartes sociales cruciales en la tierra. Al mismo tiempo, debemos seguir fomentando la confianza y el entendimiento con los albaneses de Kosovo y todos los demás pueblos de buena voluntad que viven en Kosovo y Metojia, así como en otras partes de Serbia, porque el futuro de la región depende principalmente de la disposición y la capacidad de todos nosotros para vivir unos con otros en paz y con respeto mutuo.

     Con la proximidad del Jubileo de los 800 años de la Autocefalía de nuestra Santa Iglesia, es de suma importancia que todos nos recordemos a nosotros mismos que la condición de Estado de Serbia, desde su fundación, ha estado inseparablemente entrelazada con la tradición espiritual de nuestra Iglesia como el factor crucial de nuestra identidad a lo largo de la historia.

 

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Informe de la Iglesia Ortodoxa Serbia sobre la crisis de la Iglesia en Ucrania, luego de las últimas decisiones del Patriarcado de Constantinopla

 

    Las sesiones de dos días del Santo Concilio de la Iglesia Ortodoxa Serbia (del 6 y 7 del corriente) tuvieron como agenda tres temas principales: la situación de Kosovo y Metohija, la mejora en la educación en la Iglesia Ortodoxa Serbia y la crisis en Ucrania luego de la reciente decisión del Patriarcado de Constantinopla. El Concilio ya presentó a nuestro público un anuncio especial sobre su visión sobre el estado de Kosovo y Metohija, como su perspectiva acerca de la batalla para la preservación de esas tierras mártires de bandera Serbia bajo condiciones de constante provocación, lideradas por un falso Estado y presiones constantes de las potencias occidentales.

    Al público le es más o menos conocida la actividad del Concilio sobre la educación en la iglesia, pero la opinión del Concilio en lo que respecta a la Iglesia en Ucrania le es solo parcialmente conocida. El motivo de esto es el hecho de que, en primer lugar, era necesario notificar a todas las Iglesias Ortodoxas, comenzando con los Patriarcados de Moscú y de Constantinopla y todo ello en el idioma correspondiente (griego, ruso e ingles), y para dicha labor fue necesario un  tiempo significativo. Dado que eso ya esta hecho, ahora es tiempo de que el informe de la Iglesia Ortodoxa Serbia tome de forma completa notoriedad pública.

    El Concilio con lamentación constató que el Patriarcado de Constantinopla tomó una decisión canónica infundada de rehabilitar  y reconocer a dos grupos cismáticos de Ucrania: Filaret Denisenko y Makario Maletich, junto con sus obispos y clero, el primero de los cuales en su momento les fueron quitados los hábitos canónicamente, y luego fue expulsado de la comunidad eclesiástica y sometido a un anatema, y el segundo está privado de la sucesión apostólica como creador espiritual de la secta de los llamados “samosvetix”, por lo que el Santo Concilio de Obispos considera esta decisión del Sínodo de Constantinopla como no vinculante para la Iglesia Ortodoxa Serbia.

     El Concilio no reconoce como obispos y clérigos ortodoxos a las personas mencionadas ni a sus seguidores, y en consecuencia, no acepta ninguna reunión litúrgica y canónica con ellos y sus partidarios.

    Por último, el Concilio propone al Patriarcado de Constantinopla y a todas las demás Iglesias Ortodoxas autocéfalas constituidas, que la cuestión de la Autocefalía y la cuestión de la Diáspora Ortodoxa se consideren lo antes posible en un Concilio Pan-Ortodoxo, con el fin de confirmar  y fortalecer la catolicidad y la unidad de la Iglesia Ortodoxa, y en el futuro evitar tentaciones como las que está atravesando hoy la Santa Ortodoxia.

 

Irinej, Obispo de Backa

Portavoz de la Iglesia Ortodoxa Serbia

 

 

 

 

 

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