Hieromártir Daniel Sisoev (+2009) : La ciudadanía celestial y las naciones

October 28, 2017

 

 

Cuando un cristiano intente colocar su fe junto con el nacionalismo, lo esperan grandes dificultades en relación con las Sagradas Escrituras. En seguida llegan a la mente las declaraciones “supranacionales-uranopolitistas” del Apóstol Pablo: “Ya no hay judío ni griego” (Gálatas 3, 28), “Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3, 11). El pensamiento del Apóstol es claro y comprensible – no deja lugar para el nacionalismo en la Iglesia.

Y aquí aparecen varias astucias: unos dicen que esas palabras no se refieren a la Iglesia, sino al Reino de los Cielos. Aunque el Apóstol escribe claramente que eso fue escrito sobre la actualidad, “ahora” (Colosenses 3, 8). Otros dicen que en la Iglesia no hay naciones, pero fuera de la Iglesia – ellas existen. Como si, supuestamente, un cristiano tiene derecho de considerar a sí mismo, en algo, como si estuviera fuera de la Iglesia (как будто христианин имеет право в какой-то своей части разотождествлять себя с Церковью). Pero, el Apóstol Pablo dice directamente que hemos muerto para el mundo en el bautismo (Romanos 6, 1-11; Colosenses 3, 1-14).

Otros intentan desenredarse diciendo que, así como existe división entre los sexos en el Cristianismo – eso significa que, también, se preserva diversidad de las naciones y como eso es algo normal. Aunque las diferencias entre los sexos se vencen en el monaquismo; y aun en el matrimonio cristiano existen diferentes servicios del marido y mujer – la gracia es igual, independientemente del sexo, se dona a cada miembro de la familia. La cuestión de cuál es tu actitud hacia tu propia nación – es más una cuestión de cómo tú mismo ves este mundo, y de ninguna manera no de la necesidad objetiva, como es el sexo al cual pertenecemos.

Todo eso aparece porque, por causa del apego a la tierra putrefacta y mortal, los hombres pierden sentido de que la Iglesia no es de este mundo.

Para la Biblia, el pertenecer a una nación no es algo necesario. Existen diferentes naciones, en las Sagradas Escrituras ellas se denominan “los gentiles (los pueblos)”. Existen los judíos – el pueblo que rompió el Testamento. Existe, también, un tercer pueblo, especial – la Iglesia, el pueblo del Testamento, ello es algo completamente distinto de todas las naciones en la Tierra. Nosotros no somos los gojes, no somos los gentiles para que tuviéramos que tener relaciones con las naciones, las cuales son producto de la maldición de Babilonia. Nosotros somos los cristianos, la nación de Jesús Cristo. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2, 9-10).

Nosotros somos los ex-rusos, los ex-tártaros, los ex-judíos, los ex-americanos – y ahora somos los hijos de Dios, la nación de la Santísima Trinidad, los ciudadanos del cielo. Hablamos (en) los idiomas de los pueblos de donde provinimos, pero somos diferentes. Somos un pueblo tercero. Y nuestra identificación no debe ser con nuestros ex-pueblos, sino con la Iglesia. Así como para un pagano la desgracia de un americano está más lejos que la de su pariente, así igualmente para un cristiano la desgracia de otro cristiano le está más cerca que la de algún otro (hombre). Aunque rezamos por el mundo entero, ese mundo por nosotros y existe. Pero, nosotros no somos ciudadanos del mundo (por eso es imposible ser el cosmopolita). Los pueblos de los cuales provinimos – son nuestro primero (pero de ningún modo y el último) campo para la misión. Pero, en esencia – eso es extranjería. Todos los intereses de nuestro corazón están en la Iglesia, en ese maravilloso Reino que es el extranjero aquí, cuya Patria está en los Cielos. Sus intereses son diferentes de los de todo reino terrenal. Ellos pueden pero y no es obligatorio que coincidan; pero, iguales no serán nunca. La Iglesia es mucho más grande que la Tierra.

En las obras de los patriotas y nacionalistas, a menudo se puede escuchar regañamiento de aquellos que intentan juntar la pertenencia a dos diferentes naciones. Los patriotas a menudo regañan a aquellos que tienen la doble ciudadanía. Pero los cristianos siquiera se olvidan de ello. Nosotros siempre somos los cristianos, y los paganos no vamos a ser nunca más.

En el oficio divino de la unión del gentile a la Iglesia, Ella reza: “Dios, juntaste del PUEBLO la Iglesia, Tu pueblo”. Dios nos escogió de los gentiles, pero nosotros intentamos volvernos atrás. Eso es una tentación antigua de Israel. “Seremos como todos los demás pueblos”. ¡Qué no sea así!; eso es el pecado del amor por el mundo, el cual lleva a la enemistad con Dios (Santiago 4, 4). Y eso es la consecuencia de nuestro egoísmo (cómo maravillosamente escribía sobre eso N. Karamzin). El Señor cura esa enfermedad a través de Sus castigos, para que nosotros no fuéramos condenados junto con los gentiles.

Justamente por eso – para que recuperáramos ese sentimiento de la diferencia absoluta de los cristianos y del parentesco profundo de los que están en la Iglesia, independientemente de las naciones de las cuales fueron liberados por parte de Dios – yo predico (la enseñanza sobre) el uranopolitismo*. Eso es el punto de vista único de aquellos que consideran a sí mismos los hombres de la Iglesia (miembros de la Iglesia).

 

*La enseñanza sobre el uranopolitismo: Proviene de la palabra griega “ο ουρανοπολίτης” – que significa “ciudadano de los cielos”. Eso quiere decir que nosotros los Cristianos somos solamente los viajeros en este mundo, preparándose en este para nuestra patria verdadera; “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos, 13, 14). Sobre esto, en muchas lugares en sus Epístolas enseñaba San Apóstol Pablo.(nota del traductor)

 

Fuente: http://pr-daniil.livejournal.com/2009/08/21/   traducido al idioma serbio: http://www.svedokverni.org/nebesko-gradjanstvo-i-narodi/

Traducido al castellano por Marko

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