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ACERCA DE LOS SANTOS OFICIOS EN GRAN CUARESMA


SANTOS OFICIOS EN GRAN CUARESMA

Liturgia de los Dones Presantificados

Durante la Gran Cuaresma se están celebrando distintos oficios que son especiales para este período del año.

Los miércoles se celebra en nuestros templos, la Divina Liturgia de los Dones Presantificados. En ella no se consagran los Santos Dones, sino que el Cuerpo y Sangre de Cristo con el que el clero y fieles comulgan en esta liturgia, ya fueron santificados en la Liturgia del domingo anterior. Es por eso que se la llama “de los Dones Presantificados”. La Preparación de las Ofrendas, “la Santa Oblación”, para las Liturgias de los Dones Presantificados, se hace en un día Sábado o Domingo, en la Liturgia de San Juan Crisóstomo o de San Basilio el Grande, durante la “proskomidia” (la primera parte de la Liturgia, en la que se prepara la Ofrenda, es decir el Pan y el Vino que serán transubstanciados en Cuerpo y Sangre de Cristo durante la Liturgia).

En el sermón de una de estas Liturgias, el Archimandrita Kirilo, Vicario de nuestra Diócesis, explicó:


“La Liturgia de los Dones Presantificados nos representa la relación entre Jesucristo el Hijo de Dios y el Espíritu Santo, dentro de la Santísima Trinidad. De las Sagradas Escrituras nosotros sabemos que Cristo Nuestro Señor envía el Espíritu Santo, El cual procede del Padre (San Juan 15:26). Entonces de aquí conocemos que, dentro de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo procede del Padre y es enviado por el Hijo. El Hijo toma del Padre al Espíritu Santo y lo envía a los hombres. De la misma manera, la Liturgia de los Dones Presantificados ´toma´ de la Liturgia del domingo anterior los Santos Sacramentos Presantificados, para la Comunión de los fieles. Algunos teólogos occidentales interpretaron que según este razonamiento el Espíritu Santo era menor al Padre y al Hijo, y eso fue una de varias razones por las que dieron lugar a la errónea enseñanza llamada “Filioque”: que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo también. Pero la Iglesia Ortodoxa nunca aceptó tal equivocada interpretación. Ella siempre enseñó y enseña que el Espíritu Santo es igual al Padre y al Hijo, como rezamos en el Credo. El Espíritu Santo procede del Padre y es enviado a los hombres por el Hijo en un acto del más elevado y misericordioso amor, para la iluminación y vivificación del género humano. Así como también la Liturgia de los Dones Presantificados toma de la Liturgia del domingo anterior, los Santos Dones para la iluminación y vivificación del género humano al comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.




Durante esta Divina Liturgia, el sacerdote inciensa el altar mientras canta:

Que mi Oración se enderece como incienso ante Ti,

y la elevación de mis manos sea como Ofrenda Vespertina.

​ Luego, al final de estos cánticos, el sacerdote reza la oración de San Efrén el Sirio con sus postraciones:

¡Oh, Señor y Soberano de mi vida! No me des espíritu de ociosidad,

de desaliento, de amor al mando y vanilocuencia.

Espíritu de castidad, humildad, paciencia y amor, concede a mí tu siervo.

¡Oh, Señor Rey! concédeme ver mis propios pecados y no juzgar a mi hermano,

porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.

Gran Cánon de San Andrés de Creta

El miércoles de la 5° semana de la Gran Cuaresma, por la tarde se lee el Gran Cánon de San Andrés de Creta. Este Gran Cánon se lee en la Primera Semana de la Gran Cuaresma y se repite en esta quinta semana. Este es un bellísimo compendio de oraciones que mueven al alma hacia el arrepentimiento. La Iglesia nos persuade dulcemente a volver al camino de la fe, la oración, la humildad y el ayuno, cosas que son agradables a Dios. “He aquí el día de la Salvación, la entrada en la Gran Cuaresma. Oh alma mía, está atenta, cierra las puertas por las que entran las pasiones, y mira hacia el Señor” (De la primera oda del canon del Tríodo de los maitines del lunes de la primera semana de la Gran Cuaresma).

El Gran Canon consiste en una conversación entre el penitente y su propia alma. La conversación comienza:


¿Donde comenzaré a lamentar los hechos de mi miserable vida? ¿Qué primicia ofreceré, Cristo, de esta lamentación? Mas, como eres compasivo, concédeme perdón de mis pecados.


Ante cada Tropario, hacemos la señal de la cruz y tres reverencias, cantando: "Ten piedad de mí, Oh Dios, ten piedad de mí."



Luego continúa:


Ven, alma miserable, con tu cuerpo, y confiesa al Creador de todo. En adelante deja tu antigua irracionalidad y ofrece a Dios lágrimas de penitencia.


A Adán que fue creado primero, yo le he rivalizado con mis transgresiones. Sé que estoy desnudado de Dios y del reino eterno y de la felicidad a causa de mis pecados. (Génesis 3)


Vuelve en sí (S. Lucas 15:17), alma mía. Considera tus hechos, y repásalos delante de tus ojos, y vierte las gotas de tus lágrimas. Cuenta con confianza tus pensamientos y hechos a Cristo, y sé libertado.


He sobrepasado voluntariamente el asesinato de Caín, porque avivando la carne, soy el asesino de la conciencia de mi alma, haciéndole guerra por mis hechos inicuos. (Génesis 4: 8)


Heme preocupado del adorno exterior, y he descuidado el templo interior hecho a la imagen de Dios. (I Pedro 3: 3-4)


Huye, alma mía, como Lot, del fuego del pecado; huye de Sodoma y Gomorra, huye de la llama de todo deseo excesivo. (Génesis,19)



Vigila, alma mía, anímate como los grandes patriarcas, para lograr entendimiento activo, para ganarte un espíritu veedor de Dios y para penetrar la recóndita oscuridad, y así ser gran mercader. (Génesis 32: 28; Lucas 19: 13-15)


¿De Job no has oído, alma mía, del que se justificó en un estercolero? Mas no has imitado su fortaleza, ni has tenido firmeza de voluntad en lo que has aprendido y sabido o sido tentado; no has tenido constancia. (Job 1)


Por las dos esposas se entienden acción y sabiduría de contemplación: acción por Lea, pues tuvo muchos hijos; por Raquel sabiduría, pues trabajó mucho; porque sin trabajo, alma mía, ni la acción ni la contemplación logrará éxito.


Elías, el carrocero, subió en la carroza de virtudes a los cielos y fue transportado sobre las cosas mundanales. Contempla, alma mía, su ascenso. (IV Reyes [II Reyes] 2: 11)


Traigo ante ti los ejemplos de la Nueva Escritura, alma mía, para guiarte a la compunción. Imita, pues, a los justos y deja de seguir a los pecadores, y vuelve a ganar la gracia de Cristo, por medio de súplicas, ayunos, pureza y devoción.


Cristo se hizo hombre, y llamo al arrepentimiento a los ladrones y a las rameras. Arrepiéntete, alma mía. La puerta del reino ya está abierta y la están ganando ante ti los convertidos fariseos, publicanos y adúlteros. (Mateo 21: 31; 11: 12)


Estas profundas y bellísimas exhortaciones, como el más rico perfume colman al alma con el aroma del arrepentimiento. Estas oraciones nos hacen reflexionar acerca del camino que le estamos dando a nuestras vidas, si es acorde con lo que nuestra conciencia nos dicta. Nuestra conciencia es la voz de Dios en nosotros, y éste Gran Cánon nos mueve a salir del letargo y comenzar a seguir a esa Voz y a cumplir con ella, velando a cada instante para no caer en las pasiones. Así lo muestra el Kondakio, en la Oda 6°:


“Oh, alma mía, Despiértate, ¿por qué duermes? He aquí que se acerca el fin, y rendirás cuentas en el Juicio. Vela, pues, oh alma mía, para que Cristo Dios te preserve, Él que está en todo lugar, en todo el universo, y todo lo colma con Su presencia”.


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