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Sábado Santo


Los oficios están dedicados a la conmemoración del tiempo que Jesucristo descendió con su alma al hades, mientras su cuerpo estaba en la tumba: la oración dice "corporalmente en la tumba, en el Hades con el alma como Dios, en el Paraíso con el ladrón y en el trono con el Padre y el Espíritu Santo, Quien todo lo llena, el Inexpresable". Y finalmente también se conmemora la Resurrección del Salvador de la tumba.

En el oficio de Matutinos el Epitafion (que es la imagen del cuerpo yaciente del Señor) es cargado por los sacerdotes fuera de la iglesia, al canto de "Santo Dios..." y seguido por los fieles, y es llevado alrededor del templo en conmemoración del descenso de Jesucristo al infierno y Su victoria sobre el Hades y la muerte. Luego de esto, es traído de vuelta dentro de la iglesia, es llevado a través de las Puertas Reales al Altar como un símbolo de que el Salvador permaneció inseparable de Dios Padre, y que con su sufrimiento y muerte Él nuevamente abrió las puertas del Paraíso.

Cuando el Epitafion es colocado nuevamente en la tumba en el centro de la iglesia, se dice una letanía y se lee la profecía de Ezequiel, concerniente a la resurrección de los muertos. La Epístola que se lee luego de la profecía instruye a los fieles que Jesucristo es la verdadera Pascua para nosotros, y el Evangelio nos relata cómo el sumo sacerdote, con el permiso de Pilatos, puso una guardia en la tumba del Señor y la selló.

La Divina Liturgia es más tardía que en cualquier otro día del año y es combinada con Vísperas. Luego de la Entrada de Vísperas y el canto de: "Oh suave Luz..." comenzamos a leer las quince lecturas del Antiguo Testamento, que contiene todas las anunciaciones y profecías de la salvación de la humanidad a través de la Pasión y Resurrección de Jesucristo.

Luego de la lectura de éstas y de la Epístola, comienza el prefestivo de la Resurrección de Cristo. El coro empieza con el canto suave de: "Resucita, oh Dios, juzga a la tierra, ya que Tu heredarás en todas las naciones". Mientras, en el Altar y en toda la iglesia se reemplaza las vestimentas negras por blancas. Esto es la imagen del acontecimiento en el cual las Mujeres Miróforas, temprano por la mañana "aún estando oscuro", vieron en el Sepulcro de Cristo a un ángel vestido en túnicas blancas y oyeron de él la alegre noticia de la Resurrección de Cristo.

Luego de este canto el diácono, vestido con vestidos claros, al igual que el ángel, sale al centro del templo frente al Epitafion y por medio de la lectura del Evangelio anuncia al pueblo sobre la Resurrección de Cristo. Luego continúa la Liturgia de San Basilio el Grande con su orden normal.

El Sábado Santo es un día de especial concentración silenciosa en la obra de la salvación del género humano, hecha por Jesucristo Dios-Hombre. La animosidad del creyente en el Sábado Santo, se describe en la oración que se canta en vez del Himno a los Querubines: “¡Que toda carne mortal guarde silencio y esté de pie con temor y temblor! Y que en sí, no piense en nada terrenal. Porque el Rey de los reyes y el Señor de los señores, viene para ser sacrificado y entregado como alimento a los fieles. Precedido por los coros de Ángeles, con todos los principados y poderes, los Querubines multioculares y los Serafines de seis alas, cubriéndose sus caras y cantando: Aleluya, aleluya, aleluya”.

Después de esto, los fieles piadosamente esperan la llegada de la medianoche, en la cual comienza la Radiante Alegría Pascual de la grandiosa festividad de la Resurrección de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

La alegría Pascual es una alegría santa, la cual no tiene y no puede tener igual en la tierra. Es una interminable felicidad de la Vida Eterna y la Bienaventuranza. Ella es justamente esa felicidad de la cual habló el Mismo Señor: "Se alegrará vuestro corazón, y vuestra alegría nadie os la quitará" (Juan 16:22).

Fuente: “La Ley de Dios”, del Protop. Serafín Slovodskoy


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