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El Domingo de Santa María de Egipto


El Domingo de Santa María de Egipto

Santa María es un gran ejemplo del arrepentimiento, digno de contemplar especial- mente en las proximidades de la Semana Santa.

La biografía de esta santa mujer muestra a una joven rebelde ahogada en el libertinaje sin límites, que se convierte en una arrepentida también sin límites. La joven, María, cristiana de nacimiento, había huido de su familia y se fue a Alejandría para vivir según sus deseos. No se había separado, totalmente, de la Iglesia ya que, un día, se le ocurrió la idea de peregrinar a Jerusalén; su alma, era una mezcla de origen cristiano y conducta pagana.

Mientras estaba en Egipto, nunca pensó en lo que había decidido: peregrinaría a Tierra Santa y, vendiendo su cuerpo en el barco, pagaría el boleto y los gastos. En la Ciudad Santa, María marchó con la muchedumbre hacia la iglesia de la Resurrección. Al llegar al umbral, alguna fuerza le impidió entrar; trató una y otra vez pero no tuvo acceso. En aquel momento, comprendió que la impureza de su vida le estorbaba para besar la Santa Cruz mientras los fieles lo hacían. A la sazón, María oraba, con mucho llanto, a la Virgen y le prometía que, si pudiera entrar, abandonaría al mundo y a sus deseos.

Saliendo de aquélla Iglesia, se dirigió hacia el río del Jordán, se lavó en él y más tarde tomó el cuerpo del Señor. Al día siguiente cruzó el río y vivió en el desierto durante 47 años sin ver a ninguna persona. Padecía el calor en el día y el frío en la noche; y comía lo que encontraba de las hierbas del desierto. María cambió el fuego de los deseos carnales en fuego del amor divino. Llegó a la estatura de la luz.

Muchos años después, un anciano, llamado Zosimos, mientras andaba en el desierto para pasar la Gran Cuaresma, le pareció ver de lejos un fantasma con cuerpo negro por el sol y cabello blanco, al darse cuenta que era un asceta, la siguió y cuando la alcanzó, ella le dijo que era mujer, y le pidió echarle su manto para que cubriera su desnudez.

Entonces le confesó toda su historia, le pidió al monje que le trajera los santos dones para comulgar. El día de su comunión fue el Gran

Jueves Santo. Un año más tarde al volver nuevamente Zosimos para darle la comunión, la encontró tendida en el suelo, con el rostro hacia el oriente, y cerca de ella estas palabras grabadas en la arena:

“¡Abba Zosimos, entierra en este lugar el cuerpo de la humilde María para que vuelva al polvo lo que es polvo. Ora por mí al Señor. Dormí en el Señor el primer día del mes de abril, en la misma noche de la pasión salvadora de Cristo, después de participar de la Cena Mística”.

Desde que su corazón había quedado extasiado por el Señor, en la iglesia de la Resurrección, no volvió a ver la cara de sus pecados, y sus ojos ya pertenecían nada más que a Jesús; ella se volvió icono de Él.

(extraído de Iglesia Ortodoxa Antioquena : www.acoantioquena.com)


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